Los ángeles, esos seres invisibles y sobrenaturales que nos acompañan, han sido nombrados en las religiones más extendidas de la Tierra. Judíos, católicos y musulmanes hablan de ellos en sus escrituras sagradas siendo sus funciones más importantes ser mensajeros de Dios y proteger a los seres humanos.

Así, desde la antigüedad, el hombre ha buscado la forma de comunicarse con ellos, ya que ellos velan por nuestro bienestar y nos orientan. Son varias culturas las que poseen llamadores de ángeles, especialmente en lo que a la protección de las mujeres embarazadas y sus bebés se refiere y son tan distantes como la balinesa o la maya.

Existen muchas leyendas sobre su origen, la más extendida habla del tiempo en el que ángeles y humanos convivían en el paraíso.

Cada humano poseía un guía o ángel de la guarda que le acompañaba, protegiéndole y cuidándole continuamente. Al ser expulsados del paraíso, los ángeles sintieron mucha pena por los humanos y para que no perdieran ese vínculo con ellos y pudieran llamarles cuando se sintieran solos, desesperados o perdidos, les dieron unas esferas que “cantaban” como ellos. Para invocarles sólo debían agitarla, para que su ángel de la guarda acudiera en su auxilio.

Por supuesto, cada llamador emite un sonido único y propio que sólo vincularía a su ángel y, por lo tanto, son de uso personal e intransferible.

En algunas culturas, en las que la música se considera sagrada, se utilizan llamadores durante el embarazo, para brindarle calma al feto y proporcionarle una forma de conectarse con la madre. Al nacer el niño, la esfera se eleva hasta colocarse en el pecho para que, durante la lactancia el niño pueda jugar con él. Luego se atará a la cuna o a su mantita de apego, de forma que acompañe al niño y le proteja siempre. Cuando se haga adulto, el niño podrá llevarlo como colgante tal y como lo llevaba la madre (que ya habrá recuperado el suyo propio).

Este sonido les vinculará toda la vida y cada vez que suene, el niño/adulto recordará la sensación de confianza y seguridad del útero y su madre le habrá entregado su protección angelical, su vínculo con su familia angélica.